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Costa Rica: Bienvenidos al paraíso
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"¡Exagerados!" Es lo que siempre pensaba cuando, durante mi viaje por Costa Rica, me hablaban de las maravillas de la Costa Pacífica. Bastante impresionada estaba ya con los lugares que había visitado durante la primera parte de mi ruta (puedes encontrarlo aquí si es que aún no lo has leído) como para que algo más fantástico me impresionara. Pero como casi todo en Costa Rica, así como en la vida, lo mejor siempre está por llegar.
Al volante de mi automóvil, Costa Rica es un país con una muy buena infraestructura de carreteras, ardo en deseos de llegar hasta la tierra prometida de la que todo el mundo habla. Turistas y ticos viven enamorados de esta zona. Y ahora puedo afirmar que no me extraña; yo también me enamoré allí. Quepos, situado a 3 horas en coche de San José, es un encantador pueblo pesquero situado en la provincia de Puntarenas. Su estratégica situación ha hecho de él un reclamo para turistas, viajeros, deportistas y científicos, pues Quepos cuenta con algunas de las mejores playas del país, con una infraestructura hotelera única -nada que ver con la masificación de otras zonas- y con su propia joya de la corona: el Parque Nacional Manuel Antonio. |
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| Ahora sé que no pude hacer una mejor elección con mi hotel. Arenas del Mar es, hoy por hoy, uno de los mejores hoteles en los que me he alojado y cuyo equipo humano fue capaz de hacerme sentir como en mi propia casa. Diseñado y construido bajo una ambiciosa combinación de lujo, relax y el grado más alto de criterios de sostenibilidad certificados, este precioso hotel boutique de Costa Rica de tan sólo 38 habitaciones está ubicado en el interior de un frondoso bosque lluvioso, donde dentro del recinto viven monos, perezosos, iguanas, etc., en total libertad. Pero el hotel guarda una agradable sorpresa para el huésped, ya que el frontal de todas sus habitaciones tiene unas inmejorables vistas del Océano Pacífico. Desde mi terraza, con jacuzzi privado al aire libre, con un cóctel en la mano y sin otro sonido que el de las olas del mar, disfruté de las mejores puestas de sol de mi vida. |
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Además, el hotel incluye un lujoso spa localizado debajo del restaurante principal con preciosas vistas al Parque Nacional Manuel Antonio y al Océano Pacífico, una tienda de arte y artesanías locales (donde compré una colección de cd's de latin jazz que son la envidia de todas las fiestas en mi casa) y un centro de negocios ubicado cerca del lobby del hotel. |
Con semejante panorama a mis pies, tuve que esforzarme por salir a comprobar las maravillas que me esperaban fuera del hotel. El Parque Nacional Manuel Antonio, las interminables playas llenas de surferos, y algunos de los tours de aventura más emocionantes. El esfuerzo mereció la pena.
Los tesoros naturales de Manuel Antonio son innumerables. Equipada con un vestuario para la ocasión y unos binóculos para no perderme detalle alguno, tuve la ocasión de ver animales como una rana gladiador, un perezoso de dos dedos semi oculto entre el follaje de un árbol, un tucán batiendo sus preciosas alas, mapaches o monos congo. El parque protege, además, importantes parches de bosque húmedo tropical y casi 55.000 hectáreas de vegetación de playa y ambientes marinos. Así, y tras una impresionante mañana inmersa de naturaleza, decidí que ya era hora de disfrutar de un tiempo de relax en la playa. Playitas o Espaldilla son las dos playas que tienes a tu disposición, ambas al lado del hotel. |
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Playa Espaldilla es una de las más famosas de toda la Costa Pacífica; turistas y surferos se dan cita en kilómetros de playa semi virgen donde no encontrarás edificación alguna, sino todo lo contrario, unas preciosas vistas a Manuel Antonio y a toda la colina de bosque tropical. Si no eres un experto en surf, te encuentras en el lugar adecuado para iniciarte. Pero si lo que te apetece es entregarte al relax más absoluto, te recomiendo la pequeña y paradisíaca playa del hotel, donde podrás tumbarte relajadamente sin otro sonido que el de las olas del mar rompiendo contra las rocas. No olvides pasarte por el Bar Playitas, situado junto a la playa, a pedirte uno de los deliciosos cócteles que te servirán acompañados de jugos naturales. Y así que pasen 100 años... de Pura Vida. |
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Pistas a tener en cuenta en la zona de Quepos-Manuel Antonio: Además del restaurante El Mirador, del hotel Arenas del Mar, no debes perderte la fabulosa gastronomía del restaurante Los Incas de inspiración peruana, donde podrás degustar las especialidades de una cocina sin artificios. No dejes de pedir su famoso "pisco sour". A tres kilómetros, en la Playa de Matapalo, disfrutarás de los más lindos atardeceres, donde el sol parece fundirse con la infinita línea de costa. Los cócteles más originales los encontrarás en el Garden Bar. ¿Mi preferido? Un Martini de sandía. Nuevamente, Pura Vida. Y si tu tiempo es limitado y te apetece tener una visión diferente de este paraíso, prueba con un tour en barco, donde además de poder practicar snorkeling, podrás divisar delfines, ballenas, tortugas y disfrutar de un divertidísimo día a bordo de un catamarán de lujo (en el hotel Arenas del Mar te informarán de los mejores tours por la zona). |
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Dispuesta a seguir dándolo todo y con la cada vez más firme convicción de querer quedarme en este paraíso para el resto de mi vida, decidí emprender mi tercera y última aventura por el país, dando, literalmente, un salto al vacío para presentarme en la Península de Osa. Próxima parada: Parque Nacional Corcovado.
Conocida como la frontera salvaje del país, la Península de Osa es un refugio de flora y fauna prácticamente inhabitada por el hombre. Tiene un acceso difícil, pues la mayor parte de esta área tan boscosa está compuesta por parques nacionales y reservas privadas. Los altísimos bosques lluviosos bordean playas con muy poco desarrollo y caletas en su estado natural, haciendo de esta región una de las más bellas del mundo. Sin duda todo un reto para una periodista, sí, pero muy urbana, como yo. |
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Es aquí donde la palabra "Ecoturismo" cobra todo su sentido. El más claro ejemplo lo tenemos en Lapa Ríos, un Eco Lodge ubicado en una reserva natural privada de más de 1000 hectáreas. Desde Lapa Ríos Eco Lodge se puede observar la unión del Golfo Dulce y del Océano Pacífico. Un verdadero capricho de la naturaleza que hace de este hotel un paraíso del cielo en Costa Rica. La única forma que hay de llegar hasta la Península de Osa, no existen carreteras que accedan, es en avión, así que tras 25 minutos de vuelo desde San José (Nature Air tiene varias conexiones al día), aterrizarás en Puerto Jiménez, un pequeño pueblo por donde parece que no haya pasado el tiempo, y único reducto de civilización de la zona. |
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Una enorme sensación de libertad me invadió cuando, tras una tortuosa carretera, llegamos a Lapa Ríos. Aquí no hay televisión, ni radio, ni mucho menos internet. La electricidad la consiguen gracias a unos generadores. Pero, aunque al principio puedan darte ganas de volver corriendo en busca de algo que te demuestre que sigues viviendo en el siglo XXI, pasados los 15 primeros minutos te darás cuenta de que realmente se puede vivir, perfecta y tranquilamente, sin todas esas herramientas que hoy por hoy nos parecen imprescindibles. Pura Vida.
Más que para el turista, aquí todo está pensado por y para el medio ambiente. Lapa Ríos más que un hermoso hotel de montaña o que un eco-resort cerca de la playa, es un modelo de proyecto eco turístico, donde nos demuestra que sin importar como se corte, un bosque en pie vale mucho mas. Lapa Ríos ha ganado premios a nivel mundial de excelencia social y ambiental, y es una imagen en turismo sostenible para muchas publicaciones internacionales y proyectos de investigación. El hotel es un lugar ideal de vacaciones para personas que disfrutan de la aventura con la naturaleza y desean ser parte de la conservación y de la cultura local. Así que además de relajarte y disfrutar de este pequeño paraíso, sabes que estás contribuyendo a una buena causa.
Me impactaron gratamente sus 16 románticos bungalows, situados en medio del bosque tropical y con unas impresionantes vistas sobre el Golfo y el Atlántico. Cuentan, además, con una terraza, un jardín, y una ducha al aire libre con total privacidad. Sus sábanas de hilo de bambú harán que no quieras moverte de la cama y la brisa que entra por los enormes ventanales te hará recuperar el equilibrio y la armonía que sólo un lugar como este podría proporcionarte.
Costa Rica es, sin dudarlo, Pura Vida.
Ver artculo aquí |
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